233 butacas
O como un autor desconocido llenó el teatro del Ateneo
Ayer presenté, por fin, mi libro en público.
Vaya por delante que a mí no se me conoce como escritor, ni tengo una vida especialmente rica en redes sociales. Pero tengo amigos.
Cuando le dije a la editorial que quería hacerlo en el Ateneo, que para eso soy socio (y los socios no pagamos el uso de las salas, haceos socios), les pareció muy bien. Cuando dije que quería hacerlo en la Cátedra Mayor, la cosa ya no les pareció tan bien.
La Cátedra Mayor es, para el que no la conozca, el teatro del Ateneo. Precioso, lleno de pinturas alegóricas a la cultura, retratos de próceres. Y 233 butacas que llenar.
—Hazlo en la Biblioteca, que es una preciosidad y caben 89 personas.
—Ochenta y nueve no es nada, yo tengo a, por lo menos, 150 que van a venir.
(Ojos en blanco. Este chico es medio lelo. Nadie hace una presentación de un libro de un autor desconocido, en una editorial pequeña, en una sala tan grande. No hay manera de llenarlo).
—Déjame ver fechas y yo me encargo.
—Tú mismo.
(No queda nada libre. Tiro de favores y contactos, ruego y negocio. Voy preparando una lista de gente a la que quiero invitar. Cuando me quiero dar cuenta, voy por 300).
—¡Tenemos fecha! El 4 de marzo, 20:30.
—¿El 4 de marzo? Pero si es la apertura de ARCO. Y creo que viene Carrére a presentar su libro ese mismo día. Y es un miércoles. Y nadie presenta libros tan tarde, las presentaciones son a las siete.
—Es el único día que está libre la Cátedra Mayor.
—Pues que remedio. En fin, al menos los que te presentan son estupendos.
(Fundido a negro).
Es el día 4. He enviado whatsapps a porrillo, publicado en Instagram y X, sólo me falta hacer un buzoneo por el barrio.
—Esta sala está vacía. Y son las ocho y veinte, empezamos en diez minutos.
—Un momento, que si conozco a mi público, estarán todos en el bar.
Son las 20:35. Llego cinco minutos tarde, después de pastorear a todos los que estaban tomando vinos o fumando o charlando en algún rincón del Ateneo.
Cuando me siento en mi butaca en el escenario, rodeado por Eva Serrano y Jacobo Bergareche, el teatro está a la mitad.
Cuando empezamos a hablar, no queda apenas una butaca libre.
Luis, el presidente del Ateneo, hace una breve introducción.
—Los mayores llenos de esta sala desde que yo presido la institución los han protagonizado Ágatha Ruiz de la Prada, Vargas Llosa, Salman Rushdie… y Juan Dominguez.
No es mala compañía, pienso.
Una hora y media más tarde estoy sentado en una mesa de la Cacharrería. Firmo libros durante tanto tiempo que cuando por fin acabo y quiero tomarme un vino, han cerrado el bar.
No me lo he podido pasar mejor.
No tengo muchos lectores (todavía) pero tengo muchos amigos.
Las cosas como son, no he podido empezar mejor.








Qué bueno, Juan. Qué contento tú y qué contentos todos los que estuvimos allí contigo. En la próxima, en la misma sala, cuándo sea, qué menos que ponerte un parche en el ojo, una camisa con un gran corazón y un vaso de pisco en la mesa.
Buenísimo! Voy a la del 21a