Como yo te amo
Veo a los ingleses cantar Wonderwall cada vez que tienen ocasión. Les da igual que sea un partido de fútbol, una despedida de soltero o la inauguración de una rotonda. En cuanto se juntan veinte ingleses y aparece una guitarra, Wonderwall está a treinta segundos de distancia. La envidia me corroe cada vez que veo un vídeo de los futboleros ingleses en el mundial.
Lo hacen además con una convicción admirable. Cantan bien. O al menos cantan fuerte, que para estas cosas viene a ser lo mismo.
Dicen los entendidos que existe una larga tradición de canciones de grada. Ahí están los del Liverpool con You’ll never walk alone, que llevan sesenta años cantando exactamente la misma canción con una perseverancia que roza la obsesión clínica. Los del Celtic tienen I just can’t get enough. Los italianos se vienen arriba con Sarà perché ti amo. Incluso puedo imaginar a los alemanes entonando algo perfectamente armonizado, cada uno entrando en el compás correcto en vez de darse al barullo.
Pero nosotros no.
Los españoles tenemos muchas virtudes. Organizamos fiestas patronales imposibles, sobrevivimos a agosto con cuarenta grados y somos capaces de discutir durante una hora sobre una tortilla de patatas. Pero cantar juntos no es una de ellas.
Los clubes tienen sus himnos. Los madridistas tienen el himno moderno de Jabois. Los del Barça tienen aquello de «tot el camp...» que todos conocemos aunque ninguno sepa muy bien cómo sigue. Pero la selección española no tiene una canción que pueda cantar todo el mundo.
Y creo que la solución está delante de nuestras narices desde hace décadas.
No porque sea una gran canción española (que lo es). No porque la cantara Raphael (que también). Sino porque tiene exactamente lo que necesita una canción de estadio: una melodía sencilla, una letra que conoce medio país y un estribillo que puede cantar a gritos alguien completamente sobrio, alguien moderadamente borracho y alguien que no recuerda ni contra quién estamos jugando.
Además, por una vez, la letra encaja.
Porque si algo tiene de absurdo el fútbol es que consiste en declarar amor eterno a una cosa que no sabe que existes.
Y para eso, sinceramente, no se me ocurre una canción mejor.



Jajajaja. Como yo te amo. Con un par. Qué pena que ya no está Manolo el del bombo, quizás él hubiese abanderado tu idea y veríamos al campo entero amando a la roja con la fuerza de los mares, ¡¡ YO !!