Dadme jamón
Al escritor novel normal no le sacan en periódicos ni revistas, no se comentan sus libros, no se le invitan a podcasts ni a mesas redondas, no da charlas, ni hace giras por librerías.
El escritor novel, salvo golpe de fortuna, mendiga reseñas y lecturas, acosa a influencers y críticos, acecha a clubes de lectura, y recibe con cariño desmedido cualquier tipo de generosidad con él.
El escritor novel, en fin, se porta más o menos como mi perro Santi cuando comemos jamón.
Viene esto a cuento porque este escritor novel que soy tiene una semana agitada en lo vanidoso: un colaborador de Zenda Libros, la revista literaria más prestigiosa de España, me ha hecho una reseña particularmente acertada (opino yo), que se une a una entrevista que me hizo Celso Varela antes de publicar el libro y a un Making Of que escribí yo mismo.
A ese pequeño gran éxito se une que por primera vez voy a hablar en el Club de lectura Concha Espina, a quienes directamente ofrecí inmolarme en el altar de la crítica descarnada que las ha hecho famosas.
Y hasta aquí la crónica de la vanidad. Nada de esto mueve la aguja real de la vida. se venderán diez o quince libros más, quizás a alguien le llegue algo de lo escrito, pero ahí suele acabar la cosa.
Es difícil describir las esperanzas que uno pone en un libro, que al menos en mi caso es una inversión muy menor en tiempo y desde luego sin esperanza ninguna de retorno financiero. Pero, de entre mis logros vitales, es el que más cerca está de una parte de mí que no saco tan a menudo a bailar, el orgullo.
De todas las cosas que he hecho, esta es la única en la que no hay coprotagonistas. Todas las ideas, todos los sentimientos, todas las palabras que aparecen son únicamente mías. Es lo único que he producido en toda mi existencia que nadie, nunca, me va a poder negar. Y esa sensación de autoría crea una serie de vacíos espirituales que se llenan con la aprobación de otros, porque el libro en realidad sólo existe cuando alguien lo lee.
No me creo a los que dicen que escriben solo por necesidad de escribir. O me los creería si no publicasen, pero el que escribe y publica lo hace para que le lean, entiendan, compartan, critiquen, o lo que sea, pero siempre como una función de la mirada ajena.
¿Es vanidad? Claro. Pero en realidad lo que yo quiero es que me den jamón, como Santi.



Por qué no pruebas a ponerte boina?
Me ha gustado la reseña que han escrito sobre tu libro. En mi caso, creo que refleja mucho de lo que sentí y pensé al leer lo.